La intervención en la talla del siglo XIV, financiada por la Fundación Caja Rural, saca a la luz su policromía original con un tono ‘rigor mortis’ y resuelve graves daños estructurales agravados por reparaciones históricas deficientes y el impacto de la guerra.
La Basílica Menor de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda ha presentado la culminación del minucioso proceso de restauración del Cristo de los Cuatro Clavos, una de las obras cumbre del Gótico tardío en la provincia de Jaén. La intervención, dirigida por el especialista local Manuel Martos Leiva, ha conseguido salvar una pieza del siglo XIV que se encontraba en una situación de «extrema gravedad» estructural e interna, oculta bajo múltiples capas de intervenciones históricas poco rigurosas y la degradación biológica del soporte de madera.
La presentación pública de la restauración se integró en la clausura de las jornadas culturales destinadas al análisis histórico y artístico de la basílica ubetense. El acto contó con una representación del ámbito institucional, cultural y eclesiástico, reflejo del esfuerzo compartido en la recuperación de este bien. En el encuentro participaron el concejal de Cultura y Patrimonio Mundial de Úbeda, José Miguel Gámez; el gerente de la Fundación Caja Rural de Jaén, Luis Jesús García-Lomas; el párroco del templo, José María Romero; y el historiador y coordinador del proyecto, Blas Molina Reyes.
Un diagnóstico al límite y el impacto del tiempo
Pese a que la imagen mostraba una aparente estabilidad a nivel superficial, los estudios analíticos previos y el examen organoléptico desvelaron deficiencias severas en el interior de la madera. El informe técnico detalló una alarmante pérdida de adhesión en el soporte lígneo, falta de sustentación generalizada y la presencia invasiva de materiales ajenos en todos los estratos de la pieza. La carcoma y otros insectos xilófagos habían atacado con virulencia los ensambles principales y el perizoma (el paño de pureza).
A este deterioro natural se sumaban los daños derivados de intervenciones antiguas deficientes. Según se constató, la talla sufrió en el pasado cortes de sierra y encolados directos sobre las juntas ya fisuradas de las extremidades. Asimismo, el restaurador Manuel Martos subrayó la complejidad añadida de trabajar sobre una pieza que no solo evidenciaba el envejecimiento propio de los materiales, sino alteraciones antrópicas severas. «Es una pieza que sufrió en la guerra», apuntó Martos en su intervención, señalando la falta de referencias documentales directas en el archivo histórico, lo que obligó a avanzar mediante minuciosas catas estratigráficas.
«La complejidad técnica ha sido un añadido. Era una imagen muy oxidada por la cantidad de repintes que tenía, que distorsionaban la legibilidad correcta de la obra. Hemos recuperado el color original, que muestra un verde ocre como un rigor mortis muy peculiar por su morfología y cromatismo.» — Manuel Martos Leiva, restaurador de la obra
Hallazgos y rigor metodológico en el taller
El proceso de intervención comenzó con test específicos de solubilidad para asegurar una limpieza química y mecánica que no dañase la frágil policromía original subyacente. Ante la falta de cohesión de la capa de preparación, se ejecutó una limpieza mecánica inicial mediante soplado de alta precisión. Paralelamente, se retiraron de forma manual añadidos de yeso, escayola, cera y fragmentos de corcho procedentes de reparaciones de distintas épocas.
Uno de los hallazgos más singulares del proceso fue la localización de fragmentos de estofado ejecutados sobre papel en la zona del perizoma. Mediante las catas analíticas se identificaron dos lagunas de este estofado en óptimas condiciones de conservación. El equipo de restauración optó por reproducir el patronaje original en esas secciones basándose en los vestigios claros, mientras que el resto de las evidencias históricas localizadas se mantuvieron integradas, subyacentes y debidamente documentadas para futuras investigaciones.
Tras el saneamiento del bloque de madera, se aplicó un tratamiento preventivo y curativo contra insectos xilófagos, consolidando la estructura interna con resinas en baja concentración. La fijación de la capa pictórica se aseguró mediante fases sucesivas con soluciones de cola animal. Finalmente, la reintegración cromática se realizó bajo criterios internacionales de reversibilidad y selección visual, utilizando pigmentos específicos al barniz que completan las lagunas sin camuflar la pátina ni el devenir histórico del crucificado.
Cooperación institucional para el patrimonio provincial
La restauración ha sido posible gracias al mecenazgo de la Fundación Caja Rural de Jaén. Su gerente, Luis Jesús García-Lomas, destacó la trascendencia de la obra dentro de la imaginería religiosa andaluza: «Es uno de los Cristos más antiguos que tenemos en la provincia. A lo largo de los siglos padeció un grave deterioro y ahora recupera el sentido estético que tenía en su momento». García-Lomas recordó además que la pieza ya abrió cronológicamente la exposición Misericordia Crucifixa organizada por la entidad en la capital jiennense, lo que motivó el compromiso fundacional con su preservación definitiva para que «las nuevas generaciones puedan conocer una obra de esta categoría».
Desde la perspectiva municipal, el concejal de Cultura y Patrimonio Mundial, José Miguel Gámez, manifestó el orgullo que supone para la ciudad que la intervención haya sido firmada por un profesional local. «El hecho de que haya sido un restaurador ubetense la persona responsable de llevar a cabo este proceso creo que debe felicitarnos a todos», declaró el edil, quien agradeció formalmente el apoyo continuo de la Fundación Caja Rural y de su presidente, Patricio Hernández, en las iniciativas culturales del municipio.
Por último, el ámbito parroquial de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, representado por su párroco José María Romero, trasladó la «enorme satisfacción y alegría» de toda la parroquia ante el regreso de una talla que define como un referente devocional e histórico en Úbeda, concluyendo un proyecto que devuelve a la ciudadanía el acceso a una pieza clave del patrimonio medieval giennense.



