En el atardecer del primer viernes de Pascua, cuando la Parroquia de San Andrés aún estaba impregnada de la alegría reciente de la Resurrección, las campanas de la antigua colegiata convocaron a todos los devotos de Santa María del Alcázar al primero de los traslados enmarcado en la Misión Pascual que se desarrollará en las próximas semanas, con motivo de la Coronación Canónica y Pontificia de Nuestra Señora del Alcázar.
Las calles, bañadas por una luz dorada que parecía bendecir cada rincón, aguardaban en silencio expectante el inicio de un momento único que quedará grabado para siempre en el corazón de los hijos de la noble Baeza.
Y así, entre repiques de campanitas de los hermanos más pequeños, la imagen de la Virgen del Alcázar, se alzaba sobre las andas de la Cofradía de la Vera Cruz con la elegancia y serenidad que la caracteriza. Su mirada, dulce y firme, parecía abrazar a cada uno de los presentes, pues Ella conoce las historias, heridas y esperanzas de todos sus hijos.
No hubo estridencias, solo un respeto sobrecogedor, roto a veces por lágrimas silenciosas o por algún “¡Viva la Virgen del Alcázar!” que brotaba desde lo más hondo del pecho.
En este primer traslado no faltaron ofrendas florales, oraciones, enfermos que salieron al encuentro la que es consuelo de todas las almas y emociones contenidas. Balcones engalanados, petaladas, incienso, macetas en las aceras y devotos acogieron a la Reina de Baeza en su peregrinar por las calles de las parroquias de San Andrés y El Salvador.
Con la llegada de la noche, las luces se encendían poco a poco, pero ninguna brillaba tanto como las miradas de quienes la seguían. En este camino, también salieron a su encuentro las Cofradías y Hermandades quienes, como siempre, están junto a la Virgen del Alcázar.
La devoción de los feligreses de la Parroquia de El Salvador acogió a Nuestra Señora a su llegada a este templo, el cual acogerá hasta el próximo viernes a la Reina y Señora de Baeza. Ahora, toda la Iglesia de Baeza está llamada a participar en las Eucaristías y a participar en las celebraciones comunitarias de evangelización para, de la mano de María, salir al encuentro de Cristo Resucitado.
Medalla de Oro de la Cofradía de la Humildad
El pasado sábado, la Ilustre Cofradía de la Humildad de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de los Dolores del Rosario celebraba el solemne acto de imposición de su insignia de oro a su Excelsa Patrona, Santa María del Alcázar.
El acto reunió a hermanos, fieles y devotos en un encuentro de carácter religioso y devocional, en el que se puso de relieve la profunda tradición mariana de la ciudad de Baeza.
Durante la ceremonia, la cofradía hizo entrega de esta distinción a Santa María del Alcázar dentro de la programación habitual de cultos y actos de la hermandad, reforzando así los vínculos de devoción y reconocimiento hacia la Madre, Patrona y Protectora de todos los baezanos, baezanas y comarca de La Loma.

