El cuadro de la Virgen de la Soledad regresa a la Capilla de San Juan Evangelista de Baeza tras completar su restauración

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La Capilla de San Juan Evangelista de Baeza recupera el cuadro de la Virgen de la Soledad de la Victoria de los Frailes Mínimos tras finalizar su proceso de restauración, respaldado por la Fundación Caja Rural de Jaén. Esta obra, de autoría anónima, es un óleo sobre lienzo (2,52 x 2,22 m) que fue una de las piezas expuesta en la muestra Trampantojos a lo divino: devociones del Barroco giennense.

El gerente de la Fundación Caja Rural de Jaén, Luis Jesús García-Lomas, ha participado en la presentación del resultado de los trabajos llevados a cabo por los restauradores Dulce Bermúdez y Juan Miguel Justicia. Un acto en el que también han tomado parte el secretario de la Hermandad de Las Escuelas de Baeza, Francisco Cruz, y el historiador José Joaquín Quesada. “Tenemos la suerte de poder renovar y poner en valor este patrimonio de la provincia. Esta es una pieza singular, que formó parte de nuestra exposición del pasado año, en la que se explicaba cómo se crearon y cuál fue su fin”, ha valorado García-Lomas.

La restauración “ha sido un proceso difícil porque la obra estaba bastante dañada. Aunque el trabajo se ha prolongado en el tiempo, estamos muy contentos con el resultado y ha quedado bastante bien”, ha subrayado Dulce Bermúdez. Por su parte, Juan Miguel Justicia ha apuntado que esta obra “es la primera de envergadura a la que me he enfrentado. A pesar de que comenzamos con dudas, ver el resultado es una gran satisfacción”. En la misma línea se ha manifestado el secretario de Las Escuelas de Baeza, quien ha remarcado que esta restauración supone “una gran alegría y una gran ilusión para todos nosotros. Ha sido un reto a nivel artístico”.

Estado de conservación

En el año 2016, la pintura había sido sometida a una primera fase de intervención realizada por la restauradora Natividad Poza Poza, consistente en el reentelado de la obra. El proceso de intervención se ha completado con esta segunda fase, que se inició en julio de 2024.

La obra se encontraba ya consolidada a nivel de soporte, pero el estado de conservación, especialmente de la capa pictórica, era bastante delicado. Presentaba pérdidas muy numerosas del estrato pictórico debido a roturas, guirnaldas, desgastes, pliegues y desgarros del soporte original, además de un craquelado generalizado del área conservada. Por otro lado, también presentaba un oscurecimiento general debido a la acumulación de suciedad y sustancias grasas y al envejecimiento de las capas de barniz.

Proceso de restauración

De forma previa a la intervención, se han realizado diversos estudios para comprender en su conjunto a la obra y tomar decisiones fundamentadas. Para ello, se elaboró una documentación fotográfica exhaustiva, así como pruebas de solubilidad para determinar los productos más adecuados y compatibles con los materiales originales de la obra.

Tras estos estudios, se realizó una limpieza de suciedad superficial con ayuda de brochas y aspirador. Finalizada esta primera limpieza mecánica, se actuó localmente donde el soporte había perdido adherencia con la tela de reentelado, mediante adhesivo sintético, o natural, según la zona, para favorecer la adhesión.

Una vez consolidada toda la superficie, se procedió a la limpieza química con disolventes para la eliminación de repintes y barnices envejecidos, además de restos de suciedad más incrustada en la superficie pictórica. A su vez, se comenzaron a estucar las lagunas pertenecientes a las zonas que ya se habían terminado de limpiar, texturizando algunas lagunas de cierto tamaño para imitar el craquelado de las áreas adyacentes. Una vez estucado todo el cuadro, se procedió al desestucado, para que la superficie estuviese al nivel del original.

Terminada esta fase de estucado, se comenzó con la reintegración cromática. En primer lugar, realizada con acuarela, y retocada con pigmentos al barniz, después de añadir una capa de barniz a brocha. La intervención culminó con la aplicación de dos capas de barniz, mediante pulverizador, para evitar la remoción de la reintegración.

Con el objetivo de respetar el valor de antigüedad de la obra, el equipo encargado de la restauración ha pretendido que se puedan seguir apreciando, a muy corta distancia, las “heridas” que la obra ha sufrido (sus grandes pliegues, por ejemplo), y que hablan de sus avatares históricos, pero dotando a la vez a la imagen de consistencia y unidad para permitir su completa legibilidad.

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